domingo, 28 de julio de 2013

LOS SABORES DE MI PAPÁ

El 26 de julio, mi papá hubiese cumplido 71 años, en vez de eso cumplió 7 meses al lado de Papa Dios.  Para él, los días 26 eran cabalísticos: pasaban cosas muy buenas o muy malas; sin embargo, ninguno de sus hijos nacimos 26 pero si se casó con mi mamá, quien fue su compañera de vida sus últimos 43 años un 26 de diciembre, fecha en la que también falleció.
Mi papá era todo un personaje, un hombre de carácter fuerte pero de sonrisa bella y sincera, oriundo de El Pilar, estado Sucre, su hablar no era el del típico oriental, no cambiaba la “r” por las “l”s y no decía  “la calor”, ni hablaba rápido, sin embargo, nos enseñó los modismos de su terruño y los sabores de su infancia y del oriente del país…y con esos sabores también crecimos.  Papá era un hombre fuera de serie, eso lo puede confirmar cualquiera que haya conocido a Arnoldo Ramón Cedeño.
Uno de los mejores regalos que me dio en la vida fue el gusto por la cocina, a él le gustaba comer bien y cocinar, por tanto, consiguió en mí una cómplice cuando era niña, que la perdió en la adolescencia y que luego, en la adultez y con una vida independiente recobró ese gusto por cocinar, porque el gusto por el disfrutar del buen comer nunca lo perdí.  Recuerdo, con mucho cariño, el acompañarlo a hacer el mercado semanal para la casa, era una de sus actividades favoritas; mi papá me enseñó a escoger los vegetales y a comprar en temporada, a saber cuándo el pescado estaba fresco y cuando estaba bien salpreso, me enseñó a escoger y preparar la carne de forma apropiada para que no perdiera sus jugos.  Supongo que al tiempo que yo aprendía, él también lo hacía puesto que dudo haya cocinado con mucha frecuencia cuando vivía con Tía Flor y no sé cómo haría después que abandonó su casa para vivir y trabajar por toda Venezuela.  Mi papá era un vendedor nato e hizo toda su vida laboral asociada a la venta, desde vendedor hasta Gerente de Mercadeo y Ventas en trasnacionales, hasta que se independizó, acción que intentó varias veces, hasta lograr emprender con su propio negocio de manera exitosa.  Era un hombre persistente.
Recuerdo, y estoy segura que mis hermanos también, los días sábados ó domingos, cuando él estaba en casa, ya que por su trabajo se ausentaba con frecuencia porque viajaba mucho. Pero esos sábados son memorables para mí, ya que él salía, hacía la compra y cocinaba para nosotros.  Me sorprende una sonrisa al recordar a mi papá cocinando y nosotros aguantando hambre, porque la comida estaba más tarde de lo normal y así él se aseguraba que nos la íbamos a comer.  Aún recuerdo un cocido gallego infame que se le pasó la mano de sal y después de esperar durante horas tuvimos que comer espagetti.
Papá, una vez, en uno de sus emprendimientos, se convirtió en socio de una panadería en Maracay y casi no lo veíamos, se iba de madrugada y regresaba después que nosotros estábamos dormidos, pero en la mañana conseguíamos cachitos o pastelitos de hojaldre para el desayuno, de repente golfeados u hojaldres de cabello de angel, era su forma de estar presente para nosotros.  En alguna oportunidad nos llevó a pasar con él el día en la panadería y recuerdo haber estado con el maestro pastelero haciendo las palmeras y los hojaldres de cabello de angel; tendría yo como 9 años.  En algún domingo que papá tuvo libre nos hizo en casa golfeados que le quedaron muy ricos.  En ese tiempo, mi papá aprendió a hacer pan y luego, en más de una oportunidad, nos hizo pan casero.
Otra comida cuyo sabor me recuerda a mi papá es la salsa boloñesa, aunque no es comida típica, él la hacía para nosotros, en grandes cantidades, para poder reservarla congelada en la nevera y así resolvernos las comidas en la adolescencia cuando él y mamá trabajaban y a nosotros nos tocaba llegar a casa y cocinar. Esa salsa nos acompañó en la universidad en las largas noches de estudio y a nuestros compañeros les gustaba, ya fuera con pasta o con arepa loca (funche o polenta que es como se le conoce mas).
Sus hervidos de pescado eran memorable, aunque no eran de nuestros favoritos, pero después de pasar varias horas de hambre, no nos quedaba de otra que comerlo.  También recuerdo sus mondongos o hervidos de pata de res, pasaba dos días preparándolos: uno para limpiar la panza y las patas y otro para prepararlo al estilo oriental, con plátano pintón y un punto de papelón, le quedaba estupendo y me satisface haberle preparado uno el año pasado, aunque según su crítica se me pasó la mano de pimienta negra en granos.
Papá siempre que cocinaba lo hacía en grande, me refiero, en grandes cantidades, supongo que le hubiese ido bien en un restaurante, sin embargo esta idea nunca fue uno de sus emprendimientos.  Recuerdo una vez que me invitó a hacer un curso de cocina juntos, pero yo estaba en una edad un poco rebelde y no aproveché la oportunidad de estudiar junto a mi papá, ahora que no está, me arrepiento de no haberlo hecho, estoy segura que hubiese sido una experiencia muy bonita.
Mi papá no era hombre de elogiarnos, pero a través de la comida que nos preparaba nos demostraba su amor y compromiso.  Siempre que coma algún platillo de los que él preparaba sé que los recuerdos van a venir a través de las papilas gustativas. Hay muchos sabores asociados a papá: los chorizos carupaneros, las morcillas orientales, el ají dulce, la sopa de leche y huevos que le gustaba tanto y hacía que mamá se la preparara, el asado negro, el papelón oriental, el cochino frito, las cachapas,el pan casero, el majarete y muchos más
Te quiero papi


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