SUMITO Y MIS AMIGOS
DAISY Y GERARDO
En estos días
recibí en mi correo un artículo escrito por Sumito Estévez, cabe destacar que
mi suscribí a su blog porque me parecen muy interesante los temas y reflexiones
que hace sobre gastronomía. En fin,
volviendo al artículo titulado “LA REBELIÓN DE LOS QUE NO BOTAN LA COMIDA”, al
leerlo lo identifiqué plenamente con mi amiga Daisy, una de mis amigas más
cercanas y con la que comparto el gusto por cocinar, al punto de hacerlo juntas
en varias oportunidades.
Daisy tiene una
sazón estupenda y cocina platos muy venezolanos, específicamente del llano,
puesto que es llanera, aunque al venirse a Valencia y, para complacer a Cergio
(es con C), su hijo, ha incursionado en otras áreas del saber culinario. Cuando empezamos a cocinar juntas, una de las
cosas más valiosas que me enseñó es a no desperdiciar ingredientes, puesto que
muchas veces, al picarlos para un guiso, por ejemplo, tendía a desechar
totalmente un ají que estaba dañado en un lado, o un pedacito de tomate que
había picado de más o las hojas menos tiernas del cebollín y del ajo porro;
pues resulta que el resto del ají esta bueno, solo desecha lo malo, las hojas
del cebollín y del ajo porro los puedes usar para un caldo donde no tienes que
ver el aspecto pero aportan el sabor que se necesita, que si solo quitas el
pedacito donde el tomate se une al tallo haciendo un circulito, rindes mejor la
fruta y aprovechas mejor la compra realizada.
También practicamos el reaprovechamiento de las sobras de comida y eso
me hizo recordar a mis abuelas: si se hizo carne mechada en el almuerzo y
quedó, haga empanadas en la noche; si quedó arroz del día anterior y a nadie le
gusta el arroz recalentado, pues las torticas de arroz son deliciosas o
variarlo como arroz chino pasa. Si
quedaron arepas asadas del desayuno, no las bote, guárdelas y luego en la cena
o en el desayuno del día siguiente prepare tostadas, si se hizo una sopa y
sobró, congélala y luego la puedes convertir en una crema de verduras bien rica
agregando trocitos de queso blanco. Sé
que casi todas las sugerencias no son precisamente dietéticas, pero son una
alternativa para rendir el presupuesto familiar y evitar cometer el pecado
social y moral de botar la comida, porque hay tanta gente en el mundo que no
tiene acceso a ella.
Sumito, en este
artículo que ya mencioné y en otros anteriores habla de otros “culpables”, como
lo son las cadenas de restaurantes y los supermercados que desechan comida por
no cumplir con los estándares y eso me hizo recordar a un muy querido amigo,
Gerardo, quien tiene un gran sentido social, y es de esos que sigue a pie
juntilla la enseñanza de Cristo “que tu mano derecha no sepa lo que hizo tu
mano izquierda”; en una oportunidad me comentó una idea maravillosa de crear
una red que, en alianza con las cadenas de hoteles y restaurantes de su ciudad,
recoger la comida que queda, que se preparó, pero que por estándares de calidad
ha sido rechazada, pero que está buena, en buen estado, y llevarla a un centro
para ser empacada y repartida entre la gente que no tiene acceso a ella. El, al igual que yo, odia botar comida y le
parece un crimen.
En mi trabajo,
me he dado cuenta que el momento del almuerzo nos une, la comida nos une,
puesto que hemos aprendido a compartirla y seguro que aquel, que por alguna
razón no lleva almuerzo, siempre conseguirá un plato de buena comida que le
proporcionamos entre todos. Esto me
parece tan bonito, tan humano y haré todo lo posible porque se mantenga, y que
yo en eso puedo incidir, puesto que mi cargo en la empresa me lo permite.
Creo que si las
personas nos unimos, podemos aportar nuestro granito de arena para lograr
disminuir el hambre en el planeta.